En la agricultura: el peor de los dos mundos

Artículo publicado en El Nuevo Día.
La principal prioridad de todos los países debe ser la alimentación de sus ciudadanos, cuya fuente es la industria agrícola.
Es la aspiración de todo país ser autosuficiente alimentariamente sin depender de la importación que responde a otros intereses.
Al Estado le corresponde viabilizar la agricultura proveyendo respaldo financiero y tecnológico y medidas proteccionistas, así como facilitando la disponibilidad de mano de obra.
El Gobierno de Estados Unidos protege y subsidia a sus agricultores. Garantiza la viabilidad financiera en este renglón protegiendo el precio de los productos.
Controla la importación de productos competitivos de otros países que pudieran venderse a precios menores. En ocasiones compra la producción agrícola y la distribuye como ayuda exterior a países necesitados.
También aprueba la exención de aranceles o tratados especiales que viabilizan la exportación. Subsidia las cosechas mediante los programas de asistencia nutricional.
Otro incentivo importante es que facilita la mano de obra emitiendo visas a inmigrantes. Los hispanos (legales e ilegales) son esenciales en su industria agrícola.
Los inmigrantes son imprescindibles también en la agricultura de países como Alemania, España y Francia. Este hecho no se limita a países del primer mundo. En la República Dominicana los haitianos trabajan la agricultura igual que en Costa Rica los nicaragüenses.
Los ciudadanos de países más desventajados tienen un papel protagónico en la industria agrícola de los países más desarrollados. Buscan mejores oportunidades que las disponibles en sus países y a su vez sustituyen a los ciudadanos locales que rehúyen el trabajo arduo de la agricultura, bien por tener mejores opciones o por recibir asistencias sociales.
En el caso de Puerto Rico, las negociaciones proteccionistas que realiza Estados Unidos para sus agricultores excluyen a la Isla. Esto es una afirmación de la sentencia del Tribunal Supremo federal que dicta que Puerto Rico pertenece, pero no es parte de Estados Unidos.
Cualquier producto agrícola que entre a Estados Unidos puede a su vez entrar a Puerto Rico, pero no a la inversa.
Uno experimenta esta situación cuando viaja a Estados Unidos al ser inspeccionado por el Departamento de Agricultura federal en el aeropuerto. Los oficiales no permiten la exportación de frutas y vegetales a EU. Sin embargo, cuando la misma persona viaja de Estados Unidos a Puerto Rico puede traer una maleta repleta de frutas y vegetales.
Si bien el Departamento de Agricultura local puede tomar algunas medidas fitosanitarias como con la piña, prohibiendo su importación con ‘coronas’, lo hace en casos aislados y limitados.
Puerto Rico exporta mangós a Europa, pero en Estados Unidos no puede competir con el mangó de México. Pese a la superioridad del producto local, la Isla carece de protección contra el mangó mexicano. Esto no ocurre con el maíz que cosecha Estados Unidos.
El otro factor crítico es la mano de obra. Estados Unidos controla la inmigración y la expedición de visas de trabajo en Puerto Rico. Otorga las visas necesarias para el desarrollo de su agricultura, pero no para el desarrollo de la de Puerto Rico.
En la Isla, el Gobierno federal aprueba un puñado de visas temporeras que tras un largo proceso burocrático permiten que sus recipientes trabajen localmente por un periodo corto. Algunos de ellos se escapan a Estados Unidos.
La industria del café, que fue nuestra principal industria agrícola, dramatiza el escenario trágico. Actualmente se importan más de 300M quintales mientras se producen localmente cerca de 50M. En la década del noventa, las cifras eran inversas.
El actual status colonial trae el peor de los dos mundos: la metrópolis no permite el desarrollo de la industria agrícola y promueve la dependencia mediante la asignación de “cupones de alimento” para el consumo de productos de sus agricultores.
Resulta irónico que cuando los estadounidenses invadieron a Puerto Rico en 1898, la Isla era autosuficiente alimentariamente.
El último gobernador estadounidense, el economista Rexford G. Tugwell, fue diáfano cuando resaltó que teniendo la isla un terreno y clima idóneo, debería ser autosuficiente alimentariamente.