El mundo y Puerto Rico convulsionado

Artículo publicado en El Nuevo Día.
En España, la metrópolis de Puerto Rico por cuatro siglos, el nuevo Gobierno elegido hace tres meses todavía está en suspenso sin un ganador declarado.
En la actual metrópolis, Estados Unidos, un puñado de congresistas republicanos destituyó al “Speaker”, segunda persona en sucesión a la presidencia y elegido apenas hace nueve meses.
Esto ha lanzado a la Cámara Baja del Congreso en una espiral caótica. Acéfalo por varias semanas, el Congreso tiene paralizada la gestión gubernamental del país en un momento de crisis internacionales.
Esta crisis política tiene su génesis en el expresidente Donald Trump y sus gestiones para promover la polarización del pueblo, el caos gubernamental y la violación de su Constitución.
En el Reino Unido, eligieron en un solo año a tres primeros ministros de un mismo partido. Finalmente, prevaleció Rishi Sunak.
Al margen de estas inestabilidades, China, el segundo país más poblado, continua sigilosamente su Ruta de la Seda para conquistar el mundo.
Estos escenarios están enmarcados por los conflictos bélicos que se libran en Ucrania y el Oriente Medio, con el potencial de un escalamiento peligroso para la humanidad.
El conflicto de Ucrania es el resultado de un sociópata que, obsesionado con la expansión de su territorio, violenta la soberanía de otro país y el derecho internacional.
La raíz del problema en el Oriente Medio es la negación de la existencia del Estado Palestino. Si bien el consenso de la mayoría es la existencia de los dos estado, Israel y Palestina, los extremistas derechistas israelíes, y los izquierdistas palestinos, Hamás y Hezbolá, sabotean el proceso de paz, pues ambos pretenden que solo exista un estado.
Puerto Rico, una colonia sumida en la bancarrota, gobernada por una Junta omnipotente y ajena a los eventos que sacuden la metrópolis y el mundo, experimenta una convulsión política en muchos frentes.
Un bipartidismo que tenía el 95% del electorado en el 2012 vio ese porciento mermar hasta al 63% en el 2020.
El Partido Popular, el más antiguo del binomio, terminó por primera vez en su historia en la tercera posición en la ciudad capital, pudiendo ser un presagio de su desempeño nacional en el 2024.
El país se apresta a vivir un año electoral en un alto estado de convulsión, para el que las estrellas podrían estarse realineando.
El Partido Popular del 2023 dista mucho de aquella alianza de liberales y conservadores que lo fundaron en 1938 y mantuvieron un control homogéneo por tres décadas.
Desde que surgió el bipartidismo en 1968, el Partido Popular fue abandonando paulatinamente su compromiso con la justicia social, la minimización del endeudamiento y las transferencias federales, el sistema de mérito para empleados públicos, la maximización del recurso de la UPR y el plan Arbona de salud, entre otros objetivos.
A casi un año de las elecciones, el PPD se encuentra sin liderato en los municipios de San Juan, Mayagüez y Ponce.
El Partido Popular abandonó su razón de ser y su norte y optó exitosamente por parecerse al PNP. En una situación como ésta, es irrelevante quiénes son los candidatos de turno que se disputan el botín político en las primarias.
El Partido Nuevo Progresista enfrenta unas primarias entre sus dos principales contrincantes, que buscan el botín de los contratos políticos.
El iluso ideal de la estadidad continúa siendo el “grito de guerra” que le provee un norte y un elemento de unión. Esto, a pesar de todos los rechazos directos e indirectos de la metrópolis.
El Proyecto Dignidad, que sorprendió a todos los encuestadores en 2020, continúa erosionando la base conservadora del PNP y del PPD.
La alianza del MVC (con los liberales del PPD) y el PIP representa una posibilidad viable para derrotar el bipartidismo.
Sin embargo, existen muchas incógnitas como el efecto de la ausencia de Alexandra Lúgaro en la papeleta. También se desconoce si el liderato va a poder sobreponer, a sus intereses y agendas particulares, el rescate del país del marasmo existencial prevaleciente.
Puerto Rico entra en la dimensión desconocida donde todo es posible.