May 10, 2024

El complejo industrial militar

El complejo industrial militar

 

 

Artículo publicado en El Nuevo Día.

Mientras miles de personas mueren en los conflictos bélicos de Ucrania y la Franja de Gaza, el complejo industrial militar celebra sus ganancias millonarias. Estados Unidos y la OTAN han asignado cerca de $200,000 millones solamente a Ucrania.

Las firmas manufactureras de armas se convierten en un negocio multinacional desde mediados del siglo 19.

El Gobierno británico comienza a favorecer a firmas privadas como Elswick Ordnance para suplir sus necesidades imperialistas.

Paralelamente, el Gobierno alemán patrocina a las empresas de la legendaria familia alemana fundada por Alfred Krupp. Estas suplieron las demandas armamentistas de los expansionistas, el Kaiser Wilhelm II y Adolf Hitler, ambos protagonistas de las dos guerras mundiales, las más sangrientas de la historia.

En Estados Unidos, la industria armamentista cambió cuando el presidente Franklin D. Roosevelt, tras el ataque a Pearl Harbor y su incursión en el conflicto bélico mundial, convirtió una buena parte de la manufactura comercial en armamentista.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, las exigencias de la Guerra Fría requerían un estado de alerta que transformó la manufactura militar en una industria permanente e importante protagonista de la economía nacional.

El profesor y expresidente dominicano, Juan Bosch, en su libro “El Pentagonismo, sustituto del imperialismo”, resalta que luego de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo clásico fue sustituido por una nueva forma de dominación: el pentagonismo.

Para Bosch, el pentagonismo formó parte de la geopolítica estadounidense y llevó a establecer una nueva estructura de defensa. El autor destaca que “la guerra es un negocio excepcional” y que los vendedores cobran antes de que se utilicen los productos militares, indiferentes al resultado que pueda tener el proceso bélico.

El complejo industrial militar consiste en una red de individuos e instituciones responsables de la producción de armas y tecnología militar.  Su misión es abastecer esa necesidad generando paralelamente respaldo político y en la opinión pública para aumentar los gastos de defensa del Gobierno.

Su red de cabilderos y contribuciones directas a las campañas políticas de los congresistas son legendarias. Muchos de los congresistas, incluso, al retirarse, terminan en las nóminas de los componentes del complejo.

Los cuatro principales manufactureros de armamentos en el mundo son Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Northrop Grumman y Boeing (todos estadounidenses). Estados Unidos fabrica el 42% de las armas vendidas internacionalmente.

Me comentó un graduado de West Point estudiante en Columbia University, que las corporaciones promueven la venta de sus productos directamente con los congresistas de los Comités de las Fuerzas Armadas. Ellos luego hacen sus peticiones a los funcionarios del Departamento de Defensa. Estos congresistas se vuelven agentes del Complejo, abandonando sus compromisos con la Nación.

El presidente y general del Ejército, Dwight D. Eisenhower, en su mensaje de despedida el 17 de enero de 1961, alertó al país que: “Debemos cuidarnos de la adquisición de influencia injustificada, tanto solicitada como no solicitada, del complejo industrial militar”.   

En 2022 el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI) estimó el gasto militar mundial en $2.4  billones (trillions), la cifra más alta alcanzada en este renglón. Aumentó un 19% sobre la década del 2013-22.

Las Guerras en Ucrania y Gaza y sus ecos en las tensiones con naciones como China e Irán han urgido a los países a armarse. En 2023, el gasto militar global aumentó un 6.8%, la subida más impactante en 15 años.

En 2023 el gasto militar de Estados Unidos fue de $916 mil millones (billions), mientras que el de China fue de $296 y el de Rusia, de $109. Estados Unidos acapara el 37% del gasto militar mundial.

Juan Bosch comentó que “el pentagonismo es una amenaza para todos los pueblos del mundo debido a que es una máquina de guerra que necesita la guerra en la misma forma en que los seres vivos necesitan aire y alimento para no perecer”.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el complejo industrial militar ha suplido las necesidades armamentistas de muchos conflictos bélicos, incluyendo las Guerras de Corea, Vietnam, Kosovo, el Golfo, Afganistán, Irak, y ahora Ucrania y Gaza.